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ANTONIO SALAZAR



HOMOERÓTICO


Ecce Homo

La relación entre Eros y Tánatos se volvió consustancial durante los años ochenta y noventa del siglo XX. El amor y el deseo se paralizaban ante la posibilidad de convertir en realidad la metáfora poética de "morir de amor". Los casos se encontraban a la luz del día por más que los familiares lo negaran. La sociedad exorcizaba la pandemia creyendo —a pie juntillas— en "el castigo de Dios" o "venganza de la naturaleza".

La militancia gay se preparaba para enfrentar los radicalizados ataques de la homofobia clerical y la intolerancia ciudadana. Ni qué decir del dolor incesante de los enfermos terminales que cargábamos cuesta arriba: hermanos, amigos, parejas, novios, amantes, vecinos…


Para la mayoría de los militantes que salieron a manifestarse en las marchas del orgullo gay, el involucrarse en la lucha contra el sida fue la forma ineludible de mantener el compromiso con nuestra comunidad, además de una forma de penitencia, catarsis o sacrificio simbólico por las incontables vidas que nos fueron arrebatado de las manos. Ver agonizar al amigo y compañero, convertido en una interminable diarrea que drenaba su existencia hasta convertirlo en fruto deshidratado con los huesos intentando escapar de la piel que los aprisionaba, ese bulto sufriente y sin porvenir fue algo que pocos pudieron superar. Algunos decidieron seguir a la pareja infectándose, otros retando a la muerte, otros más huyendo de sus hogares, pueblos, incluso del país, otros…

Para Antonio Salazar la negación y el autoengaño fueron la solución automática para evitar el llanto y el dolor. La vida siguió, como si nada hubiera pasado: el artista seguía pintando… el artista seguía diseñando… el artista seguía exponiendo… y logró postergar el duelo durante seis años, para luego derrumbarse y encarar el sentimiento de culpa del cual no ha podido deshacerse del todo.


En el hospital, Jesús me dijo que no me culpabilizara, que él siempre había creído que sus padres le pusieron por nombre Jesús, porque querían que como Jesús, muriera a los 33 años de edad.


Es en este panorama donde emerge Ecce Homo: He aquí al hombre. He aquí al homosexual. He aquí a la víctima propicia (el cordero de Dios). He aquí que "no soy culpable de la muerte de este inocente".


Pero publicar un libro de imágenes sobre la vivencia homosexual en los tiempos del VIH donde el deseo, erotismo y placer se tropiezan de manera estrepitosa con la triste realidad de la muerte por sida…. ¿homofobia pura y dura?, ¿podría haber algo más homofóbico que Tánatos coqueteando con Eros en una relación homosexual? ¿Cómo hablar de sexo, amor y muerte sin caer en la histeria alimentada por la pandemia del sida? ¿Por qué el morir de amor es un paradigma heterosexual y un justo castigo para el homosexual? ¿Por qué Jesucristo está en la Cruz y un enfermo de sida en el hospital?


"Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias".

(Mateo 8: 17).


Jesús el judío y Jesús el cristiano se juntan y confunden, repudiados y escarnecidos por el pueblo, ambos duermen en las cárceles por delitos contra la moral pública, los condena la ley de Roma. Crucificados y torturados por las Inquisiciones, compartieron los linchamientos y el campo de concentración, fueron denunciados y condenados por las buenas conciencias de fariseos y homofóbicos. Ambos murieron por ser hijos de Dios y bajaron al infierno para mostrarnos el camino a la redención.


El cordero de Dios, la víctima propiciatoria, he aquí la clave para resolver el… me pusieron por nombre Jesús, porque querían que como Jesús, muriera a los 33 años de edad. ECCE HOMO SEXUAL es la clave para entender estos fotomontajes. Después de la muerte de Jesús en la Cruz, vendría la Resurrección, y después del holocausto de los años ochenta y noventa, los Derechos Humanos y Civiles para Lesbianas, Gays, Bisexuales, y Transexuales.


Pero aún persiste la pregunta: ¿Por qué el Papa y los Puritanos siguen escupiendo su odio a los homosexuales?, ¿será por su propia homosexualidad homofóbica?, ¿son ellos los nuevos sacerdotes que Jesús expulsará del templo por hipócritas?... Jesucristo es nuestra imagen y semejanza: Él se apartó de su familia y se juntó con sus discípulos, no quiso casarse ni tener hijos que llevaran su sangre, nunca se realizó como "hombre-hombre" y tal vez por eso también le gritaban: maricón, afeminado, puto… Lo odiaban por predicar el amor entre los hombres, el amor a los desprotegidos, el amor a los enemigos y descarriados, a los enfermos y endemoniados. ¿Por qué las iglesias odian tanto lo que Dios amó?: El ser humano.


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