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EL BANQUETE

Por Pedro Taracena Gil


MURAL DE CARLOS SANTIESTEBAN

Es mi voluntad explicar a los jóvenes que nacieron en los años 70, cómo se ha venido desarrollando la vida de los españoles a través de la Santa Transición. Una transición de la dictadura criminal a la democracia modélica, sosegada, justa,  progresista y constitucional, de la que ahora gozamos. En una palabra la España de la reconciliación nacional. Voy a utilizar un símil muy sencillo, una especie de cuento:


“En la séptima década del siglo pasado, el dueño de España estaba muy satisfecho de que las cosas en el país empezaban a progresar de forma muy adecuada. Bueno, como aquellos jóvenes que progresaban adecuadamente en las evaluaciones de la EGB. Este patriota tuvo la brillante idea de convocar al país a un gran banquete. Un banquete celebrando una fiesta que durara  cuarenta años. Habíamos logrado que el enfrentamiento fratricida se hubiera borrado de nuestras mentes, y estos fastos acontecimientos guiaban nuestra amnesia nacional.
A este gran banquete nacional acudieron los tres poderes del estado, la clase política, la casta sacerdotal, los militares, los policías, los nobles, la clase media formada por los trabajadores, la clase obrera y también los ricos. Por supuesto para dar testimonio fehaciente de la armonía social estaban los medios de comunicación, prensa, radio y televisión. La gente veneraba su propiedad privada, beneficios obtenidos con la Transición y los empresarios y financieros  adoraban al Becerro de Oro, que brillaba más que nunca. Pero de repente los comensales del banquete, escucharon algarabías en el exterior del recinto donde hasta entonces había reinado la paz, el sosiego y la hermandad.  Eran gentes que no habían asistido al banquete nacional.  Personas de todas las edades pero sobre todo jóvenes. Los comensales se tranquilizaban los unos a los otros. Pero se preguntaban el porqué de ese alboroto, que cada vez era más insistente en calles y plazas, de no pocas ciudades del Reino. Qué hacer. Cómo actuar… Los asistentes al gran banquete, comenzaron a buscar razones de ese griterío… ¿Qué desean? ¡Si lo tienen todo…! Los más sagaces se dieron cuenta que ya llevaban  cuarenta años de albricias y festejos y que los alborotadores, unos parias, no habían sido invitados al banquete.
En el interior del recinto estos comportamientos del exterior comenzaban a influir en el ánimo de los que ya estaban ahítos de fiesta y de alegría. El anfitrión, dueño del dinero no encontraba explicable estas quejas, pero tuvo que buscar ayuda a otros mercaderes para abordar la falta de víveres en las despensas medio vacías del banquete. Empezaron a reconocer que se habían olvidado de  demasiada gente para que participara en este convite nacional. Las puertas del banquete comenzaron a entornarse para contemplar mejor lo que allí fuera sucedía. Los comensales encerrados después de cuatro décadas,  reconocieron que quienes estaban en el exterior eran sus hijos y sus nietos. También a colegas de profesión y compañeros de trabajo. Se extrañaban que hubieran estado durante tanto tiempo sin oírles ni verles. El capo del banquete dio instrucciones para que todo siguiera como hasta entonces. Allí, no había pasado nada, la paz, el orden y el sosiego eran la mejor garantía. En el fondo eran unos desarrapados, jaraneros y alborotadores. Algunas voces hablaban de desalójales de los lugares públicos porque alteraban el buen funcionamiento del turismo. Después de algunos meses, decidieron que, quizás, lo mejor sería que entraran al banquete. Y así se hizo en un gesto de magnificencia. Cuando entraron los parias que habían estado en la calle, apenas se podían entender con los comensales oficiales del banquete. Hablaban otro idioma, otra jerga. La organización, la información y la comunicación no eran las mismas. Utilizaban móviles para comunicarse al instante. Tenían redes sociales en Internet que eran un auténtico escaparate al mundo. Apenas compartían valores sociales, políticos y económicos con los que llevaban cuatro décadas aislados en otro mundo. El mundo del banquete.  Estaban muy bien formados: profesores, universitarios, científicos, jueces, militares, economistas, estudiantes y trabajadores de todas las edades. Los comensales del banquete seguían en su mundo feliz. A los nuevos comensales jamás les respetaron y siempre les despreciaron, desprestigiaron y calumniaron.
Cuando el oligarca les permitió la entrada al banquete, la fiesta iba de capa caída. Aunque se conservaba aún las formas y el ritual de un banquete de antaño. Los advenedizos no renunciaron a volcar sobre la fiesta ya decadente su nuevo estilo: ropa, expresiones, sencillez y sobre todo denunciando deficiencias, injusticias y miserias que la casta venían ocultando. Hubo un auténtico choque generacional. Los vetustos personajes del sistema, situados en los lugares preferentes del banquete, tuvieron que  oír la verdad de los recién llegados, que nunca habían deseado decir ni escuchar”. 

Esta es la España imaginaria de nuestro cuento, nos viene a recordar dos consideraciones esenciales para alcanzar la reconciliación pendiente de aquel enfrentamiento criminal y fratricida de la Guerra Civil, provocada por un genocidio planificado antes del 18 de julio de 1936. Y sobre todo la mentira alcanza mayor intensidad cuando se denigra la Memoria Histórica, apostillando que no hay que abrir heridas, tampoco dividir y romper España:

Según mantenía Václav Havel en su libro El poder de los sin poder, la Crisis de identidad y la crisis moral de la sociedad, ambas crisis se plantean entre los que están en el banquete y los que no han sido invitados. La rebelión por la verdad es un acto profundamente moral, por los perjuicios que acarrea, y sobre todo por su carácter disfuncional para la vida. La vida en la verdad se convierte, por ello, en el único fenómeno político con tintes transformadores. Y España lleva demasiados lustros viviendo en la mentira apuntalada de embustes. Esta sería la primera consideración.
Y la segunda estaría basada en aquella expresión que: “de aquellos polvos estos lodos”. Y volvemos a denunciar la mentira de la reconciliación:
Es mentira que fuera un Alzamiento Nacional, es verdad que fue un golpe de estado militar cruento.
Es mentira que tuviera lugar una Cruzada de Liberación Nacional, es verdad que fue una Guerra Civil provocada por la resistencia a un genocidio.
Es mentira que el Movimiento Nacional fundara una democracia orgánica. No, después de la victoria Franco impuso una dictadura criminal.
La Transición lejos de condenar el franquismo, acordó la más vergonzosa de las perversiones. Dejó un genocidio impune en el corazón de la Unión Europea, en los siglos XX y XXI. La España democrática alimentó su propia mentira.
La España del siglo XXI está anclada en su mentira histórica y en la mentira cotidiana del Gobierno ahíto de corrupción.

¿Cómo vamos a alcanzar la verdad si estamos anclados en la corrupción y en la mentira?


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